Calidad vs. publicidad engañosa
Tenemos un consumidor promedio que no está acostumbrado a leer o informarse sobre los bienes y servicios que consume. Tampoco se toma el tiempo de analizar la publicidad, leer los contratos y menos las letras pequeñas de estos últimos; se enfoca más en la percepción (atributos) que en las características tangibles (variables medibles) de los productos.Las empresas saben de esto y muchas de ellas aprovechan la oportunidad para diseñar sus estrategias comerciales y publicitarias para inducir al consumidor.¿Y todo esto qué tiene que ver con la calidad? Muy simple: la calidad de un bien o servicio es el cumplimiento de sus especificaciones. Si en sus especificaciones una golosina señala que debe tener 35% de cacao y luego del proceso productivo se verifica que así es, la calidad es conforme. Lo mismo sucede si esta golosina requiere en sus especificaciones que solo contenga un 5% de cacao. A partir de aquí se debe considerar la respuesta del mercado. Un consumidor que no sabe distinguir entre uno y otro producto le será indiferente estos porcentajes de cacao si ambos aparentan satisfacer sus necesidades. Aquí entra a tallar un problema ético de las empresas: la publicidad engañosa.Si las empresas usan imágenes o denominaciones que no corresponden al contenido del producto o servicio, definitivamente caen en una falta de responsabilidad social en el mejor de los casos.También incurren en faltas sancionables si incumplen alguna normativa técnica o código alimenticio (Codex), muchos de los cuales no están reglamentados por las autoridades peruanas y por lo tanto su incumplimiento no es sancionable.
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