En la lectura de la semana encontramos un caso sobre Bart y la explotación laboral, un tema que lamentablemente existe cada día en todo el mundo, con el que mucha gente vive a diario sin poder quejarse, por necesidad y esta es una realidad con la cual encontramos distintos casos y ejemplos.
No todas las prácticas son iguales. Las prácticas curriculares forman parte del plan de estudios y son necesarias para obtener un título, pero el resto de prácticas y becas (extracurriculares y no laborales para personas tituladas) no forman parte de ningún plan de estudios. De cualquier manera, la función de las prácticas debería ser únicamente formativa, aunque en muchos casos se utilizan como mano de obra barata o gratuita y sin derechos laborales que respetar.
Ejemplo:
El número de personas en prácticas en restaurantes con estrellas Michelin se multiplica al tiempo que crece el número de estrellas del restaurante (en un 3 estrellas puede suponer entre un 50% y un 80% del total de la plantilla). Ni se trata de prácticas curriculares, ni existe remuneración económica, ni derechos laborales, ni su objetivo es puramente formativo, ya que como planteaba uno de estos chefs con tres estrellas Michelin, “si toda la gente en cocina estuviera en plantilla, no sería viable”.
De esta manera, el cocinero reconoció que estas personas desarrollan una función estructural, necesaria para el buen funcionamiento negocio, por lo que según la jurisprudencia del Tribunal Supremo se trata de una relación laboral y debería existir un contrato de trabajo.
Por desgracia, no es el único caso ni el único sector en el que se confunde formación y explotación.
Por ello, es preciso reclamar, por un lado, como urgente y necesario, llevar un registro y control público que ponga luz sobre el número y condiciones de las becas y prácticas. Y, por otro lado, planteamos que a las personas con un convenio de prácticas extracurriculares o a las personas tituladas con un convenio de prácticas no laborales se les debería realizar un contrato laboral. Son medidas en las que las administraciones públicas, las universidades, los servicios públicos de empleo, las empresas y los sindicatos tienen mucho que decir. Medidas necesarias para que deje de confundirse formación con explotación.
La única forma de cambiar esta realidad de cada día, es plantearnos lo que podemos hacer, lo que debemos de aceptar y lo que no y de alguna forma hacer valer nuestros derechos.
No podemos esperar siempre a que nos obliguen por ley a hacer las cosas, ni esperar a que sean siempre los gobiernos los que tomen las medidas más adecuadas, mientras nosotros no tomamos parte en el asunto y sólo nos dedicamos a quejarnos.
Es muy importante que nosotros hagamos valer nuestros derechos. Si nosotros no hablamos, las cosas van a seguir igual.
ResponderEliminarMuy interesante las cifras que nombraste en tu artículo Lu, efectivamente el sector gastronómico y otros sectores laborales no cumplen con las normativas. Y concuerdo plenamente contigo que nosotros también somos responsables al aceptar estas situaciones. Hay que conocer nuestros derechos ! Muy buen artículo!
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